La Historia del Santo Cura de Ars

 

Juan Maria Vianney,  a quien ahora conocemos como el "Santo Cura de Ars", nació en un pequeño poblado en Francia el 8 de Mayo de 1786. Sus padres eran humildes campesinos, Su madre, sobre todo, era profundamente cristiana, y enseñaba a su hijo a amar a Dios, a la Santísima Virgen y por lo mismo al prójimo.

 

Hizo su primera Comunión con gran fervor. Más tarde diría: "Oh, Dios mío, qué alegría para un cristiano la Comunión, con todo el cielo en su corazón".

 

A la edad de 13 años ya tenía que trabajar en las faenas duras del campo con sus padres y hermanos. A los 17 años manifestó su deseo de ser sacerdote; pero su papá no quiso saber nada de esto ya que se necesitaba su ayuda en el campo. La resistencia del papá fue una dura prueba que duró dos años. Por fin su padre le dio permiso y a los 19 años pudo empezar sus estudios.

 

¡Grande era su felicidad! ¡Por fin pudo dedicarse de lleno al ideal de su vida!...

En el Seminario

 

Sin embargo, no estaba acostumbrado al estudio; le costaba muchísimo el Latín, la Filosofía y la Teología. Pero con la ayuda de Dios y de sus compañeros, avanzaba lentamente. Finalmente el obispo lo aceptó para el sacerdocio, no por sus conocimientos, sino por su fe, su devoción y sus grandes virtudes. Era el 13 de agosto de 1815; Sacerdote de Dios.

 

Después de algún tiempo lo nombraron párroco de un pueblecito pequeño: "ARS". Un pueblo donde la gente no amaba a Dios, sino a las diversiones malsanas. Para conseguir la conversión de sus feligreses, oraba, se imponía grandes penitencias, visitaba a la gente. Enseñaba a los adultos en sus sermones, a los niños en el catecismo. Porque: "Lo que no se conoce, no se ama".

 

De la misma manera como le era difícil el latín, así le costaba memorizar sus prédicas. A pesar de todo, sabía comunicar su fervor a los fieles. Con severidad criticaba las diversiones perversas. De a poco estas tabernas iban a convertirse en humildes hoteles para los peregrinos.

 

Entre sus obras figuran la restauración de la iglesia, la fundación de una escuela para niñas y un orfanato. Ahí se produjeron varios milagros, como la multiplicación de harina y de granos en tiempo de mucha escasez.

 

El Santo Cura tenía una gran devoción a la Virgen María y a los santos. "Los santos son los pararayos de la ciudad", decían. Y el cura mismo era un gran santo, que oraba incesantemente para el bien del pueblo.

 

Su devoción era contagiosa, como también su alegría espiritual. Por eso el diablo le molestaba visiblemente. Pero el santo no le tenía miedo: estaba con Dios.

 

El párroco dedicaba muchas horas del día a oír confesiones, mostrando mucha sabiduría y comprensión. Tenía el don de leer en las almas.

 

Tenía olfato para descubrir los pecados olvidados o callados. De todas partes del país venía la gente a confesarse con él, atraída por la santidad del cura y de su pueblo. Como se puede ver: "Las palabras ilustran, pero los ejemplos arrastran". El santo cura era todo un asceta. Llevaba una vida agotadora. Dormía solamente tres horas en la noche, y a mediodía una siestecita.

 

Oraba durante varias horas del día. Comía sumamente poco y pobremente. Confesaba varias horas en la mañana y varias en la tarde, soportando el calor y el horrible frío del invierno. Con los años se iba debilitando su salud y sus fuerzas. Se le acercaba su fin.

Al Cielo

 

“Es curioso", dijo el cura, "siempre he temido comparecer delante de Dios, con tantas, responsabilidades. Pero ahora no tengo miedo. Muero sin temor, porque confío en la infinita misericordia divina".

 

Le dieron la santa comunión, mientras le corrían las lágrimas. ¿Por qué llora, Señor cura?, le preguntaron. "Es triste" contestó, “comulgar por última vez". Recibió después el sacramento de los enfermos y poco tiempo después murió en profunda paz.

 

La noticia de su muerte conmovió a toda Francia. Las campanas de toda la región acompañaron el llanto de los feligreses y peregrinos. El 14 de Agosto se depositó su cuerpo en una tumba, preparada en la nave de la iglesia. Sus funerales eran un verdadero triunfo con muchos Obispos, Sacerdotes y fieles.

 

El Papa Pío XI canonizó al humilde cura de Ars el 21 de Mayo de 1925. Es proclamado patrono de los sacerdotes y seminaristas. También de muchas parroquias como la nuestra.